A Ernesto Miralta, tras años viviendo en Barcelona y en Madrid, la ciudad le terminó saturando. Ante esta situación, tras la pandemia del covid, decidió dar un cambio de rumbo a su vida y mudarse a Ceclavín, un pueblo de Cáceres con poco más de 1.700 habitantes.
Allí, en el río del Valle de Alagón, creó Barconatura junto a Miguel Crisolino, una experiencia de turismo fluvial para disfrutar de la rica flora y fauna local. Algo similar hizo Lidia Cerdá que, tras ser madre, se mudó a Alfafara, un pueblo de la provincia de Alicante de unos 400 habitantes donde se vive "completamente diferente" y desde donde se dedica a la comercialización de productos cosméticos elaborados con aloe vera ecológico.Ambos proyectos fueron finalistas de la pasada edición de
Tierra de Oportunidades, un programa de CaixaBank que ofrece ayuda económica,
formación y acompañamiento a emprendedores rurales con el objetivo de ofrecer
oportunidades de futuro al entorno rural y que ha presentado su VI edición para
este año. Un entorno que, mediante programas y políticas, está empezando a
ganar habitantes lentamente. En 2024, los municipios de menos de 5.000
habitantes aumentaron su población en 22.020 personas, según datos oficiales
del INE.
"Lo que hemos percibido es que hay mucha gente que no se
quiere ir del pueblo", expone Carlos Ramos, CEO de Rural Talent,
colaborador de CaixaBank en el programa. "La gente que salió del pueblo
hace muchos años, por obligación o necesidad profesional, si conoce el pueblo y
tiene la oportunidad de volver a un pueblo, ya sea con una empresa familiar o
con un negocio que haya heredado más tierras, esa persona vuelve y tiene la
intención real de volver a instalarse y crear su proyecto de vida allí".
Así, las oportunidades laborales estables resultan imprescindibles para fijar población en el territorio rural y mitigar la despoblación. "Los proyectos que están en el rural tienen dificultades en cuanto a difusión, búsqueda de equipos, a ciertos conocimientos de tecnología o de áreas de desarrollo que son más fáciles de tener en las ciudades", explica Ramos. De ahí nació la iniciativa de CaixaBank para impulsar acciones de emprendimiento en los territorios rurales.
Proyectos innovadores
Lejos de los estereotipos, en el entorno rural están naciendo
iniciativas y proyectos innovadores y conectados con todo tipo de tendencias.
Como el de Zuriñe García, La Moza de las Redes, una apasionada de la creación
de contenido en redes de Lena, Asturias, que se dedica a la gestión y creación
de contenido de negocios locales, ayudando a digitalizar y dar visibilidad a negocios
locales. "Las redes son un escaparate al mundo, pero un emprendedor en un
negocio local no tiene tiempo para utilizar las redes, o las utiliza de manera
muy amateur", explica mientras ve el monte desde su ventana. "Cuando
empecé, mi intención era haberme marchado a la ciudad, irme a una agencia en
Madrid o Barcelona. Pero es que yo estaba muy a gusto en mi casa y dije que no,
la zona rural te da calidad de vida", defiende.
Conseguir visibilidad es uno de los principales retos para
estos emprendedores. El programa Tierra de Oportunidades ofrece un apoyo
económico de 1.000 euros y un plan de visibilización y divulgación del
proyecto. "Para mí ha sido el altavoz, porque este mundo del
emprendimiento, más si es algo digital en zonas rurales, a veces es un
muro", opina García.
"Nos ha ayudado a conseguir cada vez más clientes, nos han incrementado las ventas con pedidos de varias partes de España", secunda Cerdá, que ofrece cosméticos de aloe vera natural desde Aloe Vitae. "Nos ayudó también con formación, y cuando tienes tus objetivos más establecidos puedes ir mucho más directo a conseguir lo que buscas, que es ayudar a toda esa gente con nuestros cosméticos, les mejoramos la vida".
Crecimiento sostenible y concienciado
El crecimiento de los negocios en el mundo rural, así como la
vida, va a otro ritmo. "El crecimiento sostenible nos viene bien, un gran
crecimiento no lo podríamos absorber y sería perjudicial, nosotros promovemos
un turismo sostenible y no masificado", cuenta Ernesto Miralta, que con su
embarcación eléctrica pueden navegar en completo silencio por el Valle de
Alagón observando las aves y la naturaleza y con grupos pequeños disfrutando
con tablas de embutido y bebida a bordo.
"Intentamos que todos los proveedores sean de lo más
kilómetro cero posible y además colaboramos con otros negocios de la zona
ofreciéndoles nuestros productos, así ellos tienen otras alternativas a
ofrecer", expone Cerdá, que reivindica que fuera de la ciudad "los
plazos los estableces tú". En su caso, moverse a un pueblo como Alfafara
le ha permitido compaginar mejor la faceta de empresaria autónoma y de madre,
sin tener que renunciar a estar con sus hijos, subraya.
Fuente: Jordi Grífol - elperiodico.com/es/economia


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