Siete de cada diez jóvenes ha rechazado al menos una oferta laboral en el último año. El salario, antaño gran indicador de la calidad percibida de un empleo, se desploma frente a aspectos como el tiempo libre, la conciliación o el entorno laboral y las posibilidades de crecimiento.
Estos datos, tan llamativos, se extraen del informeGeneración Z: ¿Qué busca en su carrera profesional?, publicado este 9 de septiembre por Gi Group Holding, documento en el que se busca determinar cómo perciben las generaciones más jóvenes el mercado laboral y qué le exigen y esperan del mismo.Al preguntar por qué
dicen que no a una oferta, el motivo más citado no es el dinero. El 23,7% de
los jóvenes señala los horarios incompatibles con su vida personal como razón
principal, por delante de los salarios insuficientes (19,8%) y de la falta de
estabilidad laboral (16,4%).
La imagen general que
nos ofrece el reporte es el de una generación Z con una relación muy complicada
con el mercado laboral, marcada por la desilusión, el choque de expectativas y
una percepción constante de que no tiene especial sentido esforzarse al
considerar las condiciones como inevitablemente negativas.
Por esto rechazan las ofertas
En primer lugar, casi
7 de cada 10 jóvenes, como hemos dicho, ha rechazado un empleo durante el año
pasado por considerar que no respondía a sus necesidades o no era adecuado.
Cabe decir que este rechazo no sale de la nada, y es que más del 40% de los miembros
encuestados de la generación Z perciben que el mundo laboral es naturalmente
precario con su generación (el informe precisa esta cifra en el 45,2%, y añade
que el 43,1% considera que acceder a un empleo sigue siendo especialmente
complicado).
En este sentido, no
parecen equivocarse en especial, ya que de acuerdo con los datos del INE el
salario medio anual de la Generación Z no llega a los 20 mil euros brutos al
año, por lo que el poder de compra, sobre todo debido al aumento del coste de
la vivienda, es enormemente reducido. No por menos, EAPN-ESestimaba que casi el 27% de los miembros más jóvenes de nuestra sociedad se
encontraban en riesgo de pobreza o exclusión social, una cifra cercana a los 2
millones de personas.
El choque de expectativas
El choque de expectativas es otra de las claves del informe. El 65,6% cree que su carrera progresa lentamente o está estancada y sin posibilidad de crecer. En concreto, el 40,3% habla de avance lento y uno de cada cuatro se siente paralizado. Solo el 12,9% percibe que su trayectoria avanza de alguna manera.
Contra el estereotipo
de la "generación de cristal", que habitualmente se achaca, el
informe muestra disposición a ceder terreno si hay una contrapartida. El 34,4%
renunciaría a parte de su tiempo libre para progresar; el 31% aceptaría perder
flexibilidad horaria y tres de cada diez asumirían más tiempo de desplazamiento
diario con el objetivo de mejorar su situación laboral. Por edad, los menores
de 24 años son quienes más aceptarían recortar ocio (38,4%); los de 25 a 30,
quienes más cederían flexibilidad (31,3%).
Esto mismo, de
acuerdo con el informe, nos muestra que la generación Z no se encuentra en
contra del trabajo, sino que ante una realidad material poco alentadora, ha
comenzado a priorizar otros aspectos al ser el monto económico complejo de
conseguir, optando por rechazar las ofertas que no respondan a estos asuntos.
El salario acorde a las responsabilidades sigue siendo el indicador principal
para la mayoría (47,6%), pero le pisan los talones la estabilidad laboral
(45,8%), el tiempo para la vida personal (45,4%) y la salud mental y el
bienestar (44,6%).
Como resume Silvia
Martínez, People & Culture Director de Gi Group Holding en una nota de
prensa difundida a los medios, la generación Z no está cuestionando el valor
del trabajo, sino las condiciones en las que quiere desarrollarlo.
Fuente: Yoel Meilán - eleconomista.es/empleo


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