La Tierra atraviesa una espiral ambiental que amenaza el futuro de miles de millones de personas, según un nuevo y destacado informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Para rescatarse a sí
misma, la séptima edición de Perspectiva del Medio Ambiente Mundial (GEO,
por su sigla en inglés) señala que la humanidad necesita realizar cambios drásticos
en la manera en que organiza sus economías, usa materias primas, gestiona
residuos, genera energía, produce y consume alimentos, y trata al medio
ambiente.
¿Suena como una tarea
imposible? No necesariamente, dicen las y los autores del informe, un grupo de
casi 300 especialistas de múltiples disciplinas. Varias comunidades en todo el
mundo ya empezaron a reorganizar cruciales sistemas, con resultados iniciales
que demuestran que es posible proteger el medio ambiente y crear nuevas
oportunidades.
“Con demasiada
frecuencia la gente lo ve como una elección binaria: la ecología o la
economía”, dice Maarten Kappelle, Líder de Servicio en la Oficina de Ciencia
del PNUMA. “Pero puedes construir una economía que beneficie a las personas y
al planeta. De hecho, eso está ocurriendo en todas partes, desde Burkina Faso
hasta la India —en este momento—.”
He aquí cuatro
ejemplos de este tipo de transformación en acción.
Entrelazando conservación y crecimiento
Durante años, muchas personas Indígenas o Adivasi de
la India que viven en y alrededor de la célebre Reserva del Tigre de Periyar
enfrentaron el desempleo y la pobreza. Pero a finales de la década de 1990, el
gobierno y grupos donantes lanzaron un amplio proyecto que hermanó desarrollo y
conservación. A muchas de las 200.000 personas de la comunidad Adivasi local se
les preparó para convertirse en guías de vida silvestre y guardaparques. Eso
ayudó tanto a proteger a los grandes felinos del parque, en peligro de
extinción, como a impulsar un auge del ecoturismo en la región, lo cual
proporcionó empleos y estabilidad a muchas familias locales.
Rentabilizando
los desechos electrónicos
Durante gran parte de la década de 1990, China se
convirtió en un vertedero de desechos electrónicos, muchos de ellos importados
ilegalmente del extranjero. De todo, desde computadoras antiguas hasta
refrigeradores, inundó rellenos sanitarios y basurales informales, secretando
sustancias químicas tóxicas en los suelos y aguas del país. Pero en las dos
últimas décadas, China ha fomentado la creación de más de 100 empresas
autorizadas de reciclaje de residuos electrónicos. Hoy, estas empresas procesan
una variedad de componentes electrónicos, incluyendo tarjetas de circuitos,
cartuchos de tóner y pantallas de cristal líquido. Esto evita que sus
sustancias tóxicas, como el mercurio, escapen al medio ambiente, al tiempo que
se crean miles de empleos. Para 2020, un 50 % de los residuos electrónicos en
China habían sido reciclados.
Transformando
deuda en naturaleza
Sumida en deudas a mediados de la década de 2010, la
pequeña nación insular de Seychelles buscaba alivio de sus acreedores. Por ello
llegó a un acuerdo singular para fortalecer su economía y preservar sus aguas
costeras, ricas en biodiversidad. La organización estadounidense The Nature
Conservancy aceptó comprar US$ 13 millones de la deuda de Seychelles a cambio
de su promesa de que el país creara una serie de áreas marinas protegidas
frente a su costa. Este llamado “intercambio de deuda por naturaleza” ha
permitido que Seychelles salvaguarde el 30 % de sus aguas marítimas nacionales,
frente a menos del 1 % en 2015.
Conteniendo el
Sahara
Durante décadas, cultivar en la región del Sahel en
África —una franja semiárida de tierra que bordea la parte meridional del
Desierto del Sahara— ha sido una lucha cuesta arriba. Sequías y lluvias
erráticas —vinculadas al cambio climático— han provocado pérdidas de cosechas
y, hasta no hace mucho, hambrunas. Pero en los últimos años, agricultoras y
agricultores desde Burkina Faso hasta Kenya han adoptado una técnica agrícola
tradicional conocida como Zaï, que está ayudando a cambiar esa realidad. En un
método respetuoso con el medio ambiente, las y los agricultores cavan hoyos en
suelos degradados y los rellenan con compost o fertilizante natural. Los hoyos
condensan y concentran la poca humedad y escasa agua disponibles en el
ambiente, creando un terreno fértil para las semillas. Algunas y algunos
agricultores incluso emplean termitas para desmenuzar el suelo duro y seco.
Esta técnica, según estudios, puede aumentar los rendimientos hasta en un 500 %.
No obstante, estos éxitos siguen siendo aislados y
están muy lejos de ser suficientes. Se requiere un esfuerzo mucho mayor para
ofrecer soluciones que funcionen, a gran escala, en todas las crisis
ambientales.
Texto completo y fuente: unep.org/es/noticias-y-reportajes


Aprodel CLM

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