viernes, 9 de octubre de 2026

Las figuras de calidad impulsan la economía rural más allá de la diferenciación de los alimentos

 


El estudio en DOP e IGP catalanas pone en valor su contribución a la economía, el territorio y la sostenibilidad.

Las Denominaciones de Origen Protegidas (DOP) y las Indicaciones Geográficas Protegidas (IGP) desempeñan un papel mucho más amplio que el de garantizar el origen y la calidad de los alimentos. Así lo concluye una investigación de la Universitat Rovira i Virgili (URV), que sitúa a estas figuras de calidad como herramientas clave para impulsar el desarrollo económico, fortalecer el tejido social y contribuir a la conservación del paisaje y del medio rural.

El estudio, publicado en la revista científica Geoforum, analiza la percepción que tienen las propias DOP e IGP catalanas sobre su función dentro del territorio y concluye que estas organizaciones actúan como auténticos motores de cohesión territorial, preservación cultural y sostenibilidad, además de generar valor añadido para las producciones agroalimentarias.


Las figuras de calidad generan valor más allá del mercado

Las denominaciones de origen y las indicaciones geográficas nacieron con el objetivo de proteger productos vinculados a un territorio concreto y ofrecer garantías al consumidor. Sin embargo, la investigación pone de manifiesto que su impacto trasciende ampliamente el ámbito comercial.

Según explica Enric Castelló, investigador del Departamento de Estudios de Comunicación de la URV y autor del trabajo, estas figuras "custodian un patrimonio alimentario que también es cultural y pueden convertirse en una palanca económica para el medio rural".

Además de diferenciar productos en el mercado, las DOP e IGP desarrollan iniciativas educativas, gastronómicas y de divulgación que contribuyen a reforzar la identidad territorial y a mantener vivas las tradiciones ligadas a la producción agroalimentaria.

 

Más de 20.000 productores integran la red catalana de calidad diferenciada

Cataluña cuenta actualmente con 22 Denominaciones de Origen Protegidas e Indicaciones Geográficas Protegidas, que abarcan productos tan diversos como el aceite de oliva, el arroz, los quesos, los frutos secos, las frutas o los productos hortícolas.

En conjunto, estas figuras representan a más de 20.000 productores y constituyen una de las principales redes agroalimentarias del territorio.

Para desarrollar la investigación, Castelló entrevistó a 26 representantes de 21 DOP e IGP catalanas, además de realizar trabajo de campo para conocer de primera mano cómo estas organizaciones entienden su contribución al desarrollo económico, social y ambiental.

 

El sector primario resulta esencial para conservar el territorio

Uno de los principales mensajes del estudio es la estrecha relación existente entre la actividad agraria y la conservación del paisaje. 

Las personas entrevistadas destacan que detrás de cada producto protegido existen explotaciones agrícolas, cooperativas, industrias transformadoras y familias cuya continuidad resulta imprescindible para mantener vivo el medio rural.

La investigación sostiene que la permanencia de estas actividades favorece la fijación de población, impulsa el empleo local y preserva conocimientos tradicionales transmitidos durante generaciones.


El abandono rural incrementa el riesgo de incendios forestales

El trabajo también alerta sobre los desafíos estructurales que afronta el sector primario, entre ellos la falta de relevo generacional, la presión sobre la rentabilidad de las explotaciones, el incremento de los costes de producción, la competencia internacional y los efectos del cambio climático.

Según el investigador, el abandono progresivo de la actividad agraria tiene consecuencias que van mucho más allá del ámbito económico. La pérdida de tierras cultivadas y la reducción de la actividad ganadera favorecen el aumento de la masa forestal y elevan el riesgo de grandes incendios.

"Disponer de un sector agroalimentario vivo es fundamental para mantener nuestro entorno agroforestal. Valorar la calidad de nuestros productos alimentarios también significa contribuir a la resiliencia y al mantenimiento del territorio frente al cambio climático", señala Castelló.

 

Las DOP e IGP reclaman mayor apoyo para afrontar los retos del futuro

Aunque las organizaciones consultadas muestran incertidumbre sobre la evolución del sector, el estudio destaca su voluntad de continuar impulsando proyectos que fortalezcan el medio rural y la competitividad de las producciones de calidad.

En este contexto, los responsables de las DOP e IGP consideran necesario reforzar las políticas de apoyo al sector primario, incrementar la sensibilización de los consumidores sobre el valor de estas figuras de calidad y adaptar las medidas públicas a las necesidades actuales del territorio.

La investigación concluye que las denominaciones de origen y las indicaciones geográficas protegidas representan una herramienta estratégica para generar valor económico, preservar el patrimonio agroalimentario y avanzar hacia un modelo de desarrollo rural más sostenible y resiliente frente a los retos ambientales y demográficos.


Fuente: oleorevista.com

 


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