viernes, 27 de mayo de 2022

La creatividad, clave para avanzar en el desarrollo sostenible

 


Que la propia Unesco declarase el pasado 2021 como el Año Internacional de la Economía Creativa para el Desarrollo Sostenible no es casual.

En el contexto actual, la economía creativa sigue siendo un puntal económico, cultural y social. Es más, para afrontar los nuevos retos que nos depare el futuro, e incluso para ser un elemento provocador de nuevos y necesarios cambios –los mismos que necesita el planeta–, es preciso contar con personas creativas, capaces de ver lo que los demás no ven, ya sea a nivel global (visión política, social, macroeconómica…) o desde una perspectiva más cotidiana (procesos, soluciones, nuevos enfoques…). Así se desprende el informe La creatividad impulsa el futuro, de la Universitat Carlemany.

De hecho, según el informe La creatividad impulsa el futuro, la economía creativa aporta el 3% del PIB mundial. Las industrias culturales y creativas generan 2,25 billones estadounidenses de dólares y el sector cultural emplea a cerca de 30 millones de personas en el mundo. El autor del mismo, Víctor Panicello, colaborador de la andorrana Universitat Carlemany (perteneciente a Grupo Planeta) analiza la importancia de la creatividad para las empresas y para afrontar sus retos actuales de sostenibilidad.

 

Empresa creativa y creatividad empresarial

Existe un cierto consenso en aceptar que la creatividad debe ser el motor que nos prepare para afrontar los nuevos desafíos que nos esperan. En realidad, no es fácil establecer una definición de la misma, pero sí reconocer su presencia en la actividad humana, sin que ello se relacione directamente a los atributos clásicos que identifican la inteligencia.

Históricamente, la creatividad se ha asociado con los procesos artísticos, pero la aparición de nuevas creaciones, sea el ámbito científico, tecnológico o empresarial, implica la necesidad de establecer aquellas fases que, con sus peculiaridades, deben respetarse para una creación como tal. Como indica Panicello, “en ese mapa conceptual, la creatividad debe considerarse una fase previa al proceso creativo, una actitud que permite aflorar diferentes ideas que, una vez seleccionadas en función de su utilidad concreta, deben someterse a un proceso metodológicamente controlado para obtener un resultado. Esa creación puede tener diferentes naturalezas según el entorno en el que se realicen, configurándose como un producto cuando le añadimos el factor mercado”.

Así, en el mundo de la empresa, el informe insiste en la diferenciación entre creatividad e innovación; siendo esta última el proceso mediante el que una creación se convierte en un producto que entra en el mercado para cubrir una necesidad. En un entorno empresarial, debe fomentarse un clima favorable a que la creatividad interna aflore, aprovechando ese valor añadido para obtener ventajas competitivas.

 

Fuente y artículo completo: Jaime Rodríguez - observatoriorh.com


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